La fiebre Juanpalomista


Por casualidades de la vida, a veces escucho o leo a gurús o "motivadores" y me contagio gravemente de la fiebre Juanpalomista. Esta afección cuenta con la sintomatología de creerse capaz de conseguir todo lo que se sueña y de hacerlo todo uno mismo. Suele ocurrir porque los motivadores escupen mientras hablan (porque lo hacen muy alto y ante tu cara) y comparten el humo que venden, cuan pipa de la paz, de boca en boca.

Es difícil escapar de ellos porque están por todas partes. ¿Nunca te has percatado de que parece que hoy en día siempre hay alguien dispuesto a enseñarte algo? No sé en qué momento nos convertimos todos en expertos y docentes, pero debió ocurrir, estoy convencida. Si tecleas en un buscador cómo sacarte bien los mocos, tendrás un sin fin de resultados de gente dispuesta a enseñarte cómo hacerlo. Imagínate si tecleas cómo vender libros, cómo hacer marketing para autores noveles,  cómo encontrar trabajo o cómo superar la ansiedad.... 

Con tantos resultados alrededor no me explico cómo todos los autores noveles no venden 100 ejemplares mensuales, cómo sigue habiendo gente en el paro o los casos de ansiedad siguen subiendo. Seguro que si le preguntas a los autores de dichos artículos te asegurarán que la gente que no tiene éxito es porque no trabaja en sus consejos o porque no se compran sus contenidos extra. Pero, ¿sabes qué? Yo he comprado alguno de ellos y me he muerto de la risa. En concreto de un coach que escribía sobre consejos de lo que, según él, era psicología. Yo sigo sin estar segura de ello.

Claro que, esto me pasó en mi ámbito. Por eso me entró un ataque de risa y no uno de frustracción, rabia y autocrítica. Cuando consumes el humo (incluso el gratuito) de esos expertos que pretenden enseñarte a convertirte en uno, te crees capaz de todo como Juan Palomo. Y, ¿sabes qué? No lo eres.

Exigirte ser escritor, corrector,diseñador web, copy writter, social media, librero y comercial mientras, en otros ámbitos, intentas ser restaurador, cocinero, psicólogo y trapecista es (y perdona que sea yo quién te lo diga) una locura. Ahí estás, preso de la fiebre Juanpalomista.

Pero, que no cunda el pánico, tiene remedio. Tan solo debes escribir una lista de todas las cosas que se te dan mal y aquellas que más te agradan. Voy a enseñarte la mía (versión resumida):



Puede que pienses que es muy triste que tan poquitas cosas se me den bien en comparación con todas aquellas que necesitaría, pero yo lo veo desde otro punto de vista. Centrarme en lo que sé hacer no solo me hace seguir mejorando en ello (la práctica hace al experto) sino que me permite el tiempo necesario para desarrollarme en aquello que realmente disfruto. Me permite vivir mucho más relajada, aceptando lo que soy y no exigiéndome dominar ámbitos que no podré alcanzar.

Si yo, para ser psicóloga, necesité un mínimo de cinco años y mucho sacrificio, por qué voy a creer que ser correctora o experta en marketing editorial voy a conseguirlo con un simple curso. ¿Es qué esos profesionales no se rompieron los cuernos igual que yo? ¿Es que a ellos les enseñaron "expertos que se vendían en internet" mientras a mí me enseñaban profesores e investigadores?... Lo dudo mucho.

No sé en qué momento me dejé atrapar. No sé porque llegué a dejarme afectar por esa fiebre llena de delirios de grandeza. Seguiré tomando toneladas de vitamina C para evitar contagiarme de nuevo.

Y tú, ¿qué me dices? ¿Has caído preso de esa fiebre alguna vez?

Volver es imposible




Recuerdo la de veces que me planteo cerrar este blog, unas cuatro o cinco por año, dependiendo de las circunstancias. A veces el trabajo, otras mi falta de tiempo, y las que más mis faltas de ganas. No solo de escribir, sino de ejercer de bloguera en general. No se si es porque esto ya no es lo que era o porque los cambios me han venido grandes. 

Después es cuando me doy cuenta de que darle a ese fatídico botón de "Eliminar blog", que otras veces pulsé sin problemas, se me hace muy complicado. Porque no se trata de borrar un espacio en el que compartir contenidos contigo, se trata de eliminar trabajo, esfuerzo y mucho mimo. Implica perder seguidores (que probablemente ya ni me lean) y este diseño tan chulo -a mí gusto- que he creado yo sola, para mí, a mi gusto, a imagen de mi pastelosa y en apariencia equilibrada personalidad. 

Yo, mí, me, conmigo. Borrar este blog es borrar una pequeña parte de mí. 

Dicen que nunca vuelve el que se fue, aunque regrese; que el mismo río jamás lleva el mismo agua y que creer en el pasado es algo tan ilusorio como creer en las hadas, pues tenemos la misma certeza de su existencia en el presente. Como Poème, antes me ahogaba en algo que era muy natural en mí, pero estoy aprendiendo a respirar bajo el agua.

Y aunque sé que esto me hace diferente a la chica que abrió este blog, él me lo recuerda. Momentos de ilusión tremendos, regalos navideños, intimidades coloristas, té con sabor a café con leche, un escondite... Pero ya no necesito esconderme, ni tengo la necesidad de encontrar comprensión fuera de la rutina. Tal vez esté cruzando esa terrible fase del embudo por la que todos debemos pasar tarde o temprano. O tal vez tenga la tremenda certeza de que volver, lo que se dice volver como antes, es imposible.

Tal vez revolver o agitar -que no regurgitar- sea lo que necesito. Ya veremos.

Hoy solo quería compartirlo contigo.

¿Y si los blogs desaparecieran?


¿Cómo meterías tus letras en la vida de este potencial lector?

¿Crees que alguien notaría la diferencia?

Instantesgrafías, libos-de-caras, pío-pío... ¿Quién, en su sano juicio, dedicaría tres minutos a leer un puñado de párrafos cuando tiene todo lo que necesita a golpe de vista?

Esa balanza interna que tienes, ya sabes, esa que a un lado tiene los gastos y en otra los beneficios, se ve mucho mas descompensada con las redes sociales. Y todos queremos una balanza descompensada, todos queremos mucho por poco. Cualquiera desearía todo por nada.

Nadie, en su sano juicio, haría un esfuerzo mayor del necesario (como por ejemplo, leer una reseña en un blog) cuando tiene a mano y de forma inmediata la puntuación media en estrellas de Goodreads. El gasto de energía es mayor para un beneficio similar. ¿Por qué nadie, en su sano juicio, va a hacerlo?

En serio, ¿por qué? 

Es hora de hacer reflexión

  • ¿Estamos en el fin de la era de los blogs? ¿Se han convertido las redes sociales en entornos tan satisfactorios que podrían sustituir a minutos de lectura? ¿Será los blogs los sustitutos de cualquier noticiario o libro de autoayuda y las redes sociales el único medio de interacción? ¿Hay tal cantidad de información que los usuarios deben optimizar al máximo su tiempo?

  • ¿O tal vez nos estamos enfrentado de nuevo a la elección entre leer el libro o ver la película? ¿Será que tenemos que cambiar el contenido, que no el continente, para convertir nuestro blog en algo insustituible?


Vuelvo a preguntarte, por qué crees que un lector va a dedicar tiempo a leerte(me). ¿Por qué crees que alguien lee y comenta tu blog, si lo que cuentas (en resumen) está a dos clic y un golpe de vista? 

Si lo descubrimos, si conocemos el porqué, tal vez volvamos a guiarnos por el insano juicio de comprar el tiempo de los lectores a cambio de entretenimiento y placer.