Lo que encontrarás en Cadencia




Juliette nació en Bruselas hace diecisiete años bajo el amparo de una familia acomodada. Estudia en un internado católico, por cortesía de una madrastra muy preocupada por su educación, en el que convive con menos de un centenar de chicas rebeldes como ella. Su única conexión con el mundo real es a través de una pantalla desde la que comparte las canciones en las que deja volar su alma.

Víctor, por el contrario, es libre. Ya ha cumplido los veintiuno y sigue sin más aspiración en la vida que hacer surf y disfrutar de la música. Tiene una familia que alimenta su libertad y se aprovecha de ella bajo el sol de Australia. Con una guitarra heredada, compone acordes a los que otros ponen la letra. Otros como la chica belga que hace magia con las cadencias.

No aspiran al mismo sueño, no son de la misma edad, no tienen raíces similares y ni siquiera coinciden en uso horario, pero una pasión compartida es capaz de arrasar con cualquier barrera. La distancia no podrá interponerse a lo que la música había unido. 

Las semillas de la historia están plantadas, ¿te animas a regarlas? Observa como crece y se desarrollan sus ramas. 

Siempre GRATIS en este blog.

5 cosas que aprendí de Mad Men como escritora


Antes que escritora soy lectora. Gracias a eso aprendo de cada bocado que doy a cualquier libro, sea de mi gusto o no, pero también a cualquier serie o película. No suelo hablarte de lo que veo, pero en esta ocasión me muero por comentar esta. 

Normalmente, veo series por la misma razón que leo libros: Busco entretenimiento. Espero adentrarme en un mundo diferente que me haga desconectar de mi realidad y, al mismo tiempo, encontrarme en sus personajes. 

Los personajes, y solo ellos, son los responsables de que siga viendo una serie, una película o leyendo un libro. Por eso, a pesar de que los 60, el sexismo, el alcoholismo, el mundo de la publicidad o la era dorada del capitalismo no son lo mío, me enganché a esta serie años después de su última temporada. Fueron ellos quienes me enseñaron sutilmente la gran cantidad de cosas que, como escritora, tengo que trabajar desde ya

 1. Identificación con los personajes.

Me vi en ellas y también en ellos. Como escritora a veces se me escapa que sentirse identificado no implica compartir género, estatus social, estudios, gustos musicales o forma de vestir. La identificación es mucho más profunda y personal de lo que los noveles creemos. Las emociones son la clave. Haber pasado una experiencia similar, haber experimentado las mismas emociones o darles la suficiente justificación a sus actos para que sean fáciles de empatizar. 

El trabajo en los personajes previo a la escritura puede ser muy tedioso, principalmente porque la mayor parte de ese material no lo vas a utilizar, pero te hará conocer al personaje de tal modo que hasta sus diálogos podrán definirlo. 

Y no importa si caen mal. Algunos deben caer mal. Algunos deben ser juzgados por los lectores, pero desde luego tienen que ser consecuentes. En Mad Men todos los personajes tienen su porqué. Desde el galimatías emocional de Don Draper a la superficialidad de Roger Sterling, cada uno es su contexto y con su propia historia, son coherentes y, por tanto, despiertan empatía en los espectadores.

2. Perseverancia inteligente. 

Esto lo aprendí de ellas. Los personajes masculinos, a pesar de que algunos tengan menos suerte que otros, siempre lo tienen más fácil que las mujeres a la hora de perseguir sus sueños o aspiraciones. Pero ellas, desde el sentimiento de inferioridad que la sociedad les ha impuesto, se mueven con cuidado, inseguridad y miedo, pero se mueven. 

  • De la redactora Peggy Olson, me quedo con el constante aprendizaje en escala ascendente. De secretaria, pasó a redactora por casualidad y con ello se encendió la llama de su ambición. La evolución de este personaje es mi favorita (otros involucionan, ella siempre mira hacia adelante). Al principio, aceptando que tiene menos derechos que los hombres, trabaja para convertirse en alguien imprescindible, y después, con sus logros como respaldo, empieza a exigir lo que le pertenece. Es perseverante y sabe cuándo y cuánto serlo. 
  • Con Joan Holloway-Harris entendí el significado de armas de mujer. Su elegancia sibilina es envidiable y, aunque al principio te pueda parecer de lo más superficial, no hay personaje con más capas que ella. Conoce y entiende el estado de la sociedad y se adapta, con mayor o menor esfuerzo, a cada requerimiento. Juzgada en cualquier ámbito por su aspecto, lo asume y se retira, tragándose su orgullo, cuando es necesario. Pero eso no le impide seguir avanzando. Su ambición es diferente a la de Peggy, evoluciona de una forma diferente, pero también juega sus cartas con inteligencia. 
  • De Megan Draper aprendí algo diferente. La segunda mujer del protagonista trabajaba como secretaria por dinero, no por pasión ni ambición. Y cuando tuvo su economía segura, gracias a depender de un marido rico (eso sí), dejó su puesto asegurado por perseguir el sueño de ser actriz. Pero no es eso lo que aprendí de ella. En lugar de pasearse por castings o actuar de forma amateur, se buscó un buen lugar en el que prepararse, estudiar y crear contactos para luego ir a las pruebas con mayor seguridad. Por supuesto, a la hora de trabajar le ayudó tener enchufe, pero no perdió el tiempo. Yo pierdo mucho tiempo leyendo webs para escritores que no me enseñan nada y me llenan la cabeza de pájaros hasta liarme. Si sumase la cantidad de tiempo perdido en este tipo de aprendizaje, probablemente el valor económico sería mucho más alto que el de cualquier curso de escritura de calidad. Todo es cuestión de prioridades. 


3. "Work smarter not harder"

En la sala de creativos, tenían un cuadro con este eslogan. Perdían mucho tiempo buscando ideas y contaban con herramientas para provocarlas que usaban con mayor o menor acierto. No se trata de pegarte al teclado dedicar cuatro horas a escribir, cuatro a redes sociales para promocionar tu libro, cuatro al seguimiento de lo que dicen de tu libro... No nos llegarían las horas al día para una sola novela. 


Piensa bien cuál es tu objetivo (vender, que te lean o escribir mejor), luego valora que acciones crees que funcionarían para ti, el tiempo real que puedes dedicarle y prueba. ¡Es gratis! 

4. Las personas LGBT existen (y existieron) sin alterar la historia.

La semana anterior se crearon debates muy interesantes en twitter sobre una afirmación de Laura Gallego en una entrevista. Yo la seguí a través de los comentarios de los lectores, pero al parecer se justificó en que no usaba personajes LGBT porque la historia no lo requería. 

Sin nada que comentar respecto al trabajo o las opiniones de la autora, yo tengo otra opinión. No creo que meter un personaje heterosexual, homosexual, bisexual o transexual tenga que ir por requerimiento de la historia. De hecho, Cadencia (mi novela gratuita que puedes descargar aquí) la historia hubiera salido de la misma manera fuera Juliette (protagonista) bisexual o no, fuera lesbiana Clare (secundario) o no. 

Pero reconozco que es en la única de mis novelas que esto es así y me he propuesto cambiarlo. Porque si quiero hacer a mis personajes verosímiles debo normalizar y generalizar su uso para que sean el reflejo de la sociedad que siempre busco. Tal y como ocurre en Mad Men. 

Los personajes homosexuales y bisexuales que aparecen en esta serie no alteran en absoluto la historia. Aun situada en esa época represiva, Salvatore, el dueño de Lucky Strike, Joyce Ramsey incluso el propio Steerling, viven su sexualidad sin alterar un ápice el argumento general. Porque es lo lógico. Y lo hacen siendo un reflejo de la sociedad del momento. 


5. El feminismo es feminismo 

En este punto también me fijé tras las polémicas sobre personas que dicen no ser machistas ni feministas cuando el feminismo lucha por la igualdad. A todas esas personas les recomiendo coger el diccionario y se lo pongo fácil enlazando la definición en la RAE.

Antes de ver la serie ya sabía la cantidad de tópicos machistas que me iba a encontrar. Y también sabía que iba a ver algunos que actualmente siguen al pie del cañón. Lo que no sabía era que iba a encontrarme feminismo (un feminismo incipiente, sutil y frágil) en algunos de sus personajes y que, en términos generales, no se puede calificar como una serie machista. 

¿Conoces el Test Bechdel? Yo reconozco que hasta hace poco creía que películas como Tom Raider o Underworld donde una protagonista es fuerte, lucha y tiene carisma, era más que suficiente para que la película, libro o videojuego no fueran machistas. 

Pero este test, desarrollado en 1985 (tres décadas ya...) me abrió los ojos. Los requisitos para que un texto no sea machista son:

  1. Que aparezcan, al menos, dos personajes femeninos. 
  2. Que interaccionen entre ellas.
  3. Que su conversación no sea sobre un hombre (novio, hermano, padre, primo...).
Puede parecer una tontería, pero piénsalo. ¿Cuántas películas famosas, libros u obras conoces que lo cumplan? Y tus novelas, ¿lo cumplen? 
Mad Men sí los cumple. En mayúsculas. 

Sus personajes femeninos tienen papeles protagonistas, no son tan fuertes e independientes como les gustaría, pero sí en su contexto. Son ambiciosas, madres y trabajadoras, con personalidades perfectamente diferenciadas, son inconformistas e interaccionan. A veces hablan sobre algún hombre, sí, pero otras tantas hablan sobre sí mismas, sobre sus trabajos, sobre las campañas publicitarias, sobre sus necesidades laborales, sobre lo que sea. Es decir, de nuevo un reflejo de la sociedad real. 
Si bien es cierto, y permíteme que insista, esta serie pasa el test, pero hacerlo no significa que no sea una historia en la que se hable de sexismo, cosificación de la mujer y un largo etcétera. Este test no significa que una historia refleje igualdad de géneros, sino que no es machista. ¿Qué pasa con las historias que ni siquiera lo cumplen?
Que un personaje femenino diga palabrotas, vista desenfadada, sea fuerte o no se deje dominar del todo por un personaje masculino no hace que una historia deje de ser machista. Simplemente hace que ese personaje tenga esas características, que está genial si es lo que se pretende, por supuesto. Pero, ¿cuántos de esos personajes que has leído (o incluso escrito alguna vez) interaccionan con otra mujer para hablar de algo diferente a un hombre? 




 Mad Men ha sido mi escuela de personajes estos dos últimos meses. Te invito a disfrutarla o a compartir aquí las conclusiones que sacaste al verla, si ya lo has hecho, o si te vas a animar a hacerlo. Y de paso, te invito a reflexionar conmigo. Puedes hacerlo aquí o a través del correo veritasalterea@gmail.com. Me encantaría leerte.

Para escritores, lectores y aprendices

Esta semana la empiezo, como cada lunes, con nuevos objetivos a conseguir. 

Suele resultarme imposible cumplir todos aquellos que me marco al día porque las horas son limitadas y la vida es tan apetecible... Aprovecho cada instante libre para dedicar a los míos, porque eso me hace muy feliz, me hace sentir que he hecho algo decente con mi tiempo. Pero también lo hacen actividades como leer para alimentar mi alma o escribir para liberar mi imaginación sobre hojas en blanco. Quiero compartir contigo los recursos que, poco a poco, me va ayudando a centrarme en lo que deseo hacer y disfruto haciendo.


Quiero mejorar en lo que amo, sin agobiarme. Desde que he descubierto la web de Sinjania, soy la escritora inexperta más feliz del mundo. Webs con recomendaciones para escritores noveles o indies hay muchas, pero pocas consiguen tener un contenido que abarque tantos temas como ellos lo hacen. Tienen cursos a la venta, pero también un montón de recursos gratuitos y entradas con las que ofrecerte importantes consejos y retarte. ¿Te animas?


También quiero aprender de ti, de tus críticas a mi trabajo y de tus consejos. Por eso quiero compartir la vídeo reseña que Mireia de no Honrubia, escritora ( Frío y Bruma, Oasis 3), historiadora del arte y bloguera, ha subido a Youtube sobre Orquídea Blanca. Me quedo con todo, con los piropos y la crítica, me siento muy afortunada por que alguien se moleste en leerme, en valorarme y en ofrecerme algo que me ayude a crecer.Desde este rincón, te envío un millón de gracias por tus palabras.



En otro momento de mi vida, las críticas no las llevaba nada bien. Las aceptaba, obviamente, porque cuando uno se expone al mundo es el riesgo que corre. Pronto descubrí que solo se trataba de mi propia inseguridad. Lentamente, voy consiguiendo sentirme como quiero sentirme y eso no tiene nada que ver con la imagen exterior, que también, sino con entradas como esta, esta y esta, con las que no pienso dejar de insistir para que no seas tan abierta de mente como para que se te caiga el cerebro al suelo. Quiero recomendarte los ilustrativos vídeos de Deborah Ciencia, los divertidos análisis de Mi dieta cojea y los análisis de Eparquio Delgado para que, como yo, aprendas a diferenciar a los profesionales de los vende-humos. Ellos te lo explicarán mucho mejor que yo lo hice en su momento, porque la mejor defensa personal es el conocimiento.


Y como también quiero seguir soñando y disfrutando del placer de la lectura sin presiones y por puro entretenimiento, quiero recomendarte que no pierdas el tiempo leyendo algo que no te aporte lo que esperas. A mí me costó aprender a abandonar lecturas que no me llenaban en absoluto y por las que mis ojos pasaban sin procesar nada.

Este año ya he disfrutado de La verdad sobre el caso Harry Quebert, Mort, El guardián invisible y Vértigo por perderme en ti, libros de diferentes temas, con diferentes objetivos y diferentes lectores potenciales, con los que yo lo he pasado como una enana. El último, por cierto, de mi amiga Rebeca Bañuelos, ya está disponible en papel para todo aquel que quiera olerlo y palparlo, es decir, desarrollar el típico romance de los lectores con los libros físicos (cuánto los adoramos).

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