Organizar el trabajo con un lector beta

Como te contaba en la entrada anterior, necesitaba una lectora beta para mi novela Actitud Frambuesa. No podría estar más contenta con los resultados, leer vuestras propuestas me ha hecho sentir muy afortunada y sobre todo agradecida. Porque un escritor, desde mi punto de vista, no es nada sin sus lectores.

Siempre he dicho que lo mejor de escribir, además de lo muchísimo que disfruto creando, es compartirlo y que otra persona pueda darle vida de nuevo a los personajes (tal vez con otras características y con decorados diferentes a los que imaginé). Para mí, las palabras son la magia cotidiana. Todos somos magos y brujas cuando creamos algo nuevo o replicamos algo que no existe. Escribir y leer te convierte en hechicera.

Y yo ya tengo mi aquelarre preparado. 
¡Empezamos la aventura!

Lo siento por aquellos que quedasteis fuera del proceso, pero sé que en otros proyectos podremos trabajar juntos. Algunos solo sentíais curiosidad de saber cómo funcionaba ser lector beta y, para saciarla de un plumazo, prometí dejarlo aquí por escrito.




Hay diferentes métodos para sacarle provecho a ese trabajo conjunto. Algunos escritores prefieren entregar su manuscrito y esperar a que los lectores beta le den su opinión crítica y general de la obra, otros prefieren entregarles una hoja de ruta sobre en qué deben fijarse.

Si trasteas un poco, descubrirás que hay un montón de webs con recomendaciones sobre qué preguntarle a los lectores beta de tu novela. Pero mi recomendación es que, aunque puedas basarte o inspirarte en ese tipo de preguntas, crees la tuyas propias.


  • ¿Qué es lo que te interesa descubrir de tu obra?

Haz un listado de las cuestiones que quieres conocer. Dado que mi mayor objetivo es entretener, mi mayor preocupación es el aburrimiento. Por eso mis lectoras beta encontrarán varias preguntas para detectar si el ritmo es el apropiado, si sus ojos sobrevolaron sobre alguna escena sin procesar lo que allí estaba ocurriendo... Pero no es solo eso lo que me interesa. En la hoja en ruta encontrarán qué clase de conceptos sobre personajes, estilo o argumento necesito que evalúen.

Tal vez, puede que en tu caso  no te interesa saber si los personajes les caen bien o mal porque consideras que son vitales tal y cómo están para el desarrollo de la historia. O tal vez no te interese una opinión de argumento, sino que hagan un análisis de lo que han sacado en conclusión para saber si transmites lo que pretendías.

De hecho, aunque no tengas lectores beta, te recomiendo que crees tu propio listado de preguntas acerca del manuscrito para que sepas cuáles son los puntos que más te preocupan y así focalizar tu atención en ellos. El hecho de tomarte un minuto con un papel y un bolígrafo en la mano, hace que preguntas en las que nunca habías pensado llenen de dudas el proceso. Dudas útiles, que requerirá muchísimo trabajo responder y analizar, tengas ayuda o no.


  • ¿Es necesario establecer plazos?

Sí. Es muy importante poner una fecha límite. Es buena para ti, porque no quieres esperar más allá de un tiempo prudencial, y bueno para tu lector beta, porque tampoco le interesa eternizarse en una tarea. Si estableces plazos, organizarse es mucho más sencillo.

Eso sí, el plazo depende de la prisa que tengas y del tiempo del que disponen tus lectores. Mi recomendación es que pienses en el tiempo que crees que te llevaría leer un libro de esa extensión y le sumes el doble. Ese resultado será un tiempo óptimo para una lectura con calma y creación del análisis.


  • ¿Cómo organizar el trabajo?

Una vez que has tomado la decisión de si usar o no hoja de ruta y de los plazos, toca organizar el trabajo. Esta organización depende de ti, como autor debes hacerte responsable de decir al lector qué esperas de él y para cuándo. Si el lector está de acuerdo, perfecto. Si no lo está, habrá que negociar esos plazos o esa metodología adaptándola a la situación. Sea cómo fuere, una vez acordado el sistema, deberás organizarlo.

En mi caso, espero a que las lectoras me digan si están de acuerdo en mis condiciones antes de crearles un calendario personal en el que viene pautado el plazo final y otros intermedios.

En lugar de esperar a que me de su opinión al finalizar la lectura, prefiero ir recabando información semanalmente con las preguntas que desarrollé. En vez de entregarle un documento con todas esas preguntas al terminar, le envío cuestionarios semanales con algunas de ellas. De esta forma, divido el trabajo para que no sea muy cargante al final y, al tiempo, puedo empezar a analizar y mejorar mi manuscrito cuanto antes.



¿Alguna vez has usado lectores beta? ¿Te planteas hacerlo en el futuro? 


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