Sobre crisis motivacionales



Desde 2012 sufro crisis motivacionales.

Van bastante de la mano con mis neuras, cambios de humor o estilos de vida en los que he intentando adentrarme del mismo modo que se intenta que una pieza de un puzle X encaje en un puzle Y, a golpes. Nunca funcionó, pero sí me ayudaron a aprender mucho. Cuando digo en mi perfil que soy una estudiante experimentada, lo digo con razón. Aprendo lento, eso sí.

Quise ser emprendedora, seguir la dieta paleolítica, crear mil webs con mil ideas de negocios súper divertidos, dejar los lácteos, convertirme en una persona organizada, hacerme nutricionista, ser minimalista, tener mi huerto urbano, iniciarme en la escritura de guiones, tener residuos 0, correr todos los días, crear una editorial, limpiar, maquillarme y ducharme sin químicos....

Y aquí me tienes hoy, comiéndome un bol de fresas con yogurt griego y miel en este atardecer soleado mientras admiro, con alegría, el esmalte de uñas cereza que aguanta tanto como promete. Y resulta que hoy, y ya desde hace unos meses, me siento mejor.

Algo en mi vida fallaba, aunque no sabía bien qué. No tenía  trabajo estable, ni economía estable... No tenía nada de lo que imaginaba que tendría al llegar a los 30. Y estaba claro que, si yo era la dueña de mi destino, era por mi culpa. 

Tenía que cambiar.

Por ello leí diferentes formas de adaptarme, de mejorar, de ser una persona más feliz, más competente, más guapa y más todo. Me asombraba la facilidad con la que otros lo conseguían y me metí de lleno. Y al principio, lo cogía todo con muchas ganas y trabajaba en ello, pero, como nada me llenaba, pasaba al siguiente estilo de vida y a intentarlo de nuevo. A veces regresaba al anterior, a veces los entremezclaba, a veces hacía un poco de cada... Y el tiempo empezó a convertirse en mi mayor enemigo.

No tenía tiempo para vivir y ser quién quería ser. Formarse requiere demasiada atención y tiempo de tu vida como para dedicarte a escribir o cualquier otro hobby que tengas en mente. No había para todo y la frustración aumentaba tan rápido como caía la motivación.

Me di cuenta, entonces, de que era multiapasionada. ¡Qué cosas! ¡Cómo si no lo fuéramos todos! Picaba de todas las flores que me apetecía y me creía en posesión de la verdad absoluta defendiendo que una vida sin lactosa era la mejor hasta que pasaba al siguiente.

¡Qué mareo! 

Me costó mucho, y cuando digo mucho es más tiempo del que se usa para escribir una novela, darme cuenta de que había llegado a un límite. Cada vez me sentía más insatisfecha conmigo misma, con mis relaciones y con mi hogar. Intentar alcanzar el ideal de mis multipasiones me llevó, en ese punto de mi vida, a la inactividad. Me dediqué a apagar fuegos, a centrarme en el poco trabajo que me saliera y a recuperar las relaciones que se habían enfriado.

Y en ese proceso de desconexión dejarlo todo me pareció una salida. Y no, no era una retirada a tiempo, era un escape. Tanto miedo le había cogido a teclear y a envolverme en un nuevo bucle de búsquedas para mejorar, que evitaba tocar el teclado.

Entonces decidí actuar. Empezar de nuevo, pero a mí manera. Sin comer con ansiedad, pero sin negarme un helado; sin hacer tres entradas semanales, pero sin abandonar el blog; sin escribir tres horas al día, pero haciéndolo todos los días; sin comprometerme con nadie, ni conmigo misma. Sin espacio para la frustración. 

Decidí actuar, equivocarme y empezar de nuevo las veces que haga falta. Porque la única persona que me machaca por no cumplir con algo soy yo y nunca he sido una jueza justa. Si he procrastinado o me he autosaboteado, ahora que lo veo con algo más de perspectiva, entiendo que fue en defensa propia.

No puedes mantenerte firme siempre. La vida cambia. Tú cambias.

Aceptar la incertidumbre inherente a la vida no es fácil, parece que aveces es necesario llevarnos un susto bien fuerte para entender lo voluble y frágil que son los planes, nuestra organización, nuestras metas... Un simple soplo de viento y nuestra veleta enfocará una nueva dirección, un nuevo rumbo. Cambio. La vida es cambio. Un cambio incontrolable.

Y aceptar eso no rápido (¿te he dicho ya que aprendo despacio?). De hecho, fue bastante doloroso saber de forma consciente y plena que yo no soy el agente que guía mi destino. Guío mi barco, con la esperanza y la fe de encontrar lo que espero en la costa hacia la que me dirijo. Nada más. Capearé las tormentas como pueda y, si el viento me desvía, me veré obligada a buscar nuevas tierras. 

Ni más ni menos.

Aún no ha vuelto mi motivación tal y cómo la recordaba, pero sé que lo hará. Tiempo hay, solo tengo que alejarme del ruido y centrarme en las nueces. Es mucho más fácil orientar tu vida hacia tus valores que hacia objetivos. Cuando los necesito, ellos son la luz al final del túnel. Si tienes curiosidad sobre cómo hacerlo, no conozco un lugar mejor para informarte que psicosupervivencia y su guía de los valores.

¿Y tú? ¿Has tenido crisis de motivación alguna vez? 




4 comentarios:

  1. Demasiadas, y también suelen ir al ritmo de mis cambios de humor, de mis paranoias. Nos sucede a todos, o eso creo.
    A veces simplemente necesitamos parar ;-) y así coger fuerzas para seguir luchando por lo que queremos.
    La vida es una sucesión de ciclos circulares, y como alma celta me gusta verlo así. Cuando caigo sé que tarde o temprano me acabaré levantando.
    Y tú igual, pequeña. Porque eres muy grande, y tienes clara tu luz. Así que déjala que te guie en mitad de la oscuridad. Escribe, practica tus hobbies, pero sin imposiciones.
    Un abrazooo!!!

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    1. Imagino que sí, que a todos nos ocurre de un modo u otro tarde o temprano. Pero a veces te encuentras con ese tipo de persona (hombre o mujer) tan segura de sí misma, de esas personas que tienen una especie de halo donde nada penetra pero todo transmite, y te preguntas... ¿cómo leches lo habrá hecho? Entonces buscas respuestas por todas partes y descubres que siempre hay alguien dispuesto a cobrarte por contártelo (libros, cursos, coaches...)

      Puede parecer que tengo algo en contra de este tipo de profesionales y libros, y así es. Les he visto meter tantísimo la pata, me han llegado personas con tal desbarajuste emocional, y han hecho tanto daño a personas muy cercanas que... La única forma que tengo de denunciarlo, de desahogarme, es a través de mi blog


      Gracias por tus ánimos, amiga. Por suerte, lo peor ya ha pasado y puedo volver a darte la tabarra :)

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  2. Claro, yo creo que todos las tenemos esas crisis, puede que hasta esta misma noche haya sufrido una, por eso hoy mi cuerpo se encontraba agotado y he decidido tomarme una tarde de descanso y libertad sin exigencia y mucha paciencia.

    Ay Carmen, no digas que eres culpable de nada, responsable sí, culpable es una palabra que no me gusta, para nadie ni para ti ni para mí.

    Me encantan las personas que cambian y no se rigen siempre por lo mismo, esas personas abiertas a todo pero con unos valores muy arraigados en el alma pura y la materia y la mente y el alma en movimiento, jeje.

    Esque me pasa lo mismo, tengo muchas pasiones: correr, estudiar, blog, escribir, mirar series, leer... y a veces no puedo con todas y ya me siento "culpa..." si no cumplo con alguna. O bien me frustro.

    Porque a veces elegir es renunciar a algo...¿o no? Tú que piensas de eso?
    Por ejemplo, estoy pensando en presentarme a las pruebas de acceso para volver a entrar en una carrera (Universidad), pero entonces no tendría tiempo para escribir la novela que quiero escribir...

    Jeje.

    Un beso guapaaa!

    Me alegro de no haber dejado blogger porque aprendemos unos de otros y es un apoyo, motivación e ilusón y demas constantes.

    <3

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    1. Supongo que sí. Al menos en mi caso si quiero dedicarme a algo necesito quitarle tiempo a otras cosas porque sino me es imposible. No tengo ni fuerzas ni tiempo físico para dos cosas que requieran mi atención como en esos dos ejemplos.

      Sin embargo, después de entrar en la universidad, siempre tendrás periodos donde podrás retomar la escritura de forma más o menos constante. Mis dos novelas publicadas, las escribí durante la carrera... A veces cuánto más ajetreo, mejor organización ;)

      La vida y la motivación son muy caprichosas.

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